CREADORES

LA NARRACIÓN DE ANÉCDOTAS

Para aprender las técnicas narrativas, el alumnado del grupo de 4º de ESO C no solo ha estudiado la teoría referente a los tipos de narrador, el espacio, el tiempo, los personajes y las acciones, además de las diversas posibilidades de organización que puede presentar un texto contado, sino que se ha puesto manos a la obra para contar una anécdota personal. Así lo hemos hecho en clase, con casi una treintena de divertidas, tiernas o intrigantes anécdotas que luego han sido entregadas por escrito. Aquí mostramos algunas de ellas:

LA NIÑA BAILAORA, por Lucía Romero Belver

«Sobre el año 2005, en la feria, estábamos mi familia y yo en la caseta de uno de mis tíos. De fondo, sonaba un grupo muy ameno y a mi alrededor todo el mundo reía, hablaba animadamente, disfrutaba de la buena música… Mis padres, muy contentos, charlaban con el resto de mi familia. Por otra parte, yo estaba sentada en mi carrito, ya que era tan pequeña que aún no sabía andar, y nadie parecía demasiado atento a mí. A continuación, supongo que por un impulso de niña pequeña, me bajé del carro y empecé a andar… Nadie se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que, de pronto, el grupo que estaba tocando en el escenario paró. Seguidamente, mi madre le echó un vistazo al carro y, cuando vio que yo no estaba en él, empezó a gritar como una loca: «¡La niña, la niña…!». Hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando. En otras palabras, su hija de un año, que no sabía andar, estaba encima del escenario, bailando. Para terminar, mi tío vino a buscarme y los músicos volvieron a tocar.

Es una buena anécdota que siempre que la contamos en casa pasamos un buen rato, ya que la recordamos con bastante gracia y nostalgia…

[Con respecto a la actividad propuesta en la clase de Lengua y Literatura, me ha gustado bastante, porque además de pasar un buen rato entre risas, siempre está bien recordar buenos momentos de nuestro pasado y compartirlos con nuestros compañeros. Incluso podría decir que ha habido tanta confianza y soltura al contar las anécdotas que, en ciertos momentos, me he sentido en familia].

 

UNA BALSA PARA DOS, por Juan Herrera Algarín

Una mañana de invierno, mi amigo Carlos y yo decidimos ir al campo. Llegamos sobre las diez de la mañana, le echamos de comer a los caballos, a los perros y a los palomos. Cuando terminamos, eran las once y media, y no teníamos nada más que hacer. Entonces, a Carlos se le ocurrió hacer una barca, tirarla al canal de los presos y montarnos. Yo me quedé sorprendido, pero me pareció una buena idea para matar el aburrimiento.

A la hora de hacer la barca, cogimos un palé, un cuadrado de corcho, un flotador de una piña y botellas de agua vacías. Todo eso amarrado con abacales. Cuando la fuimos a tirar al canal, dije yo:

-Primero la tiramos a la piscina y, si funciona, la tiramos al canal.

A Carlos le pareció una buena idea. La piscina estaba muy verde, muy sucia e incluso con algunas ramas dentro. Cuando la tiramos a la piscina, la balsa flotaba perfectamente, y nosotros nos montamos encima… De momento, todo iba bien, hasta que Carlos hizo un movimiento hacia donde yo estaba colocado y la barca volcó.

Salimos muy rápidos de la piscina, cuya agua estaba helada. En aquel momento, llenos de suciedad y muertos de frío, lo que hicimos fue echarnos agua limpia y secarnos con el viento y el poco sol que hacía… Aunque ese lo día lo pasamos mal, la experiencia será inolvidable.

 

PERDIDA EN UN BARCO, por Fátima Zahra

Este verano, mis padres y yo fuimos de vacaciones a Marruecos, para estar con mis familiares, amigos, etc. Lo que voy a contar me pasó un lunes por la tarde, cuando estábamos en al frontera de España para montar en el barco. Después de embarcar, conocí a una niña de mi edad. Estuvimos hablando, fuimos a comer también… Unas horas después, habíamos llegado a la frontera de Marruecos. Mis padres bajaron y yo me quedé con ella. De repente, nos dimos cuenta de que habíamos llegado ya. Nos fuimos a buscar a nuestros padre, ella encontró a los suyos, pero yo no.

Me puse muy nerviosa y tenía mucho miedo. Le pedí que me acompañara y fuimos a buscar… y, de repente, nos encontramos a un policía que nos preguntó: «¿Qué os pasa?». Yo le contesté que no encontraba a mis padres. El policía me llevó con él hacia abajo y, tan solo unos minutos después, que a mí se me hicieron eternos, encontré a mis padres bajando del barco. Yo fui corriendo hacia ellos y ese fue el mejor recuerdo.

 

LÍO NAZARENO EN UNA TIENDA, por Pepe Cabeza Romero

Hace dos o tres años, salí la víspera de la procesión en la que salgo de nazareno con las huchas para recaudar dinero para mi Hermandad. A un amigo mío y a mí nos tocó la zona de la plaza. Mi amigo se puso en una parte y yo en otra. Entonces llegué a la tienda de Donoso para pedir. Al entrar, como cualquier nazareno tiene que mover la hucha para que echen un donativo ya que no podemos hablar, yo lo hice así. Justo al moverla, veo que una señora se raza negra empieza a correr por toda la tienda porque se creía que yo era del Ku Klux Klan…

Al final consiguieron que la mujer se parara y le explicaron que no tenía nada que ver con aquella organización racista de EEUU. Entonces me quité el morrión para que viera que no era más que un niño y que no iba a hacerle daño.

 

 

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