EN VERSO Y PROSA

Estudiamos a Bécquer

Después de haber indagado en las circunstancias nacionales e internacionales que dan lugar al movimiento del Romanticismo, hemos terminado estudiando a un poeta posromántico, el sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, que pasa la historia de la literatura española por sus famosas Rimas. Estas son las consideraciones de una alumna de 4º de ESO C que se ha esforzado especialmente en su trabajo sobre los poemas, Ana María García Begines:

Comenta Ana María García Begines con respecto a los siguientes poemas:

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!
En esta rima, el poeta nos describe un arpa olvidada, y nos cuenta sobre las posibilidades que tendría este instrumento, al igual que los pájaros a punto de volar cuando amanece… Continúa haciendo una reflexión y se da cuenta de que el arpa solo necesita de un estímulo para manifestarse…
Con respecto a esta rima…
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.
Bécquer nos da a entender que su amada lo ha mirado y tiene una forma felicidad… Este poema es uno de los que más me gustan, por la manera en la que Bécquer juega con los versos y las rimas, pero sobre todo porque me veo identificada, ya que cuando estás enamorada y eres correspondida todo se ve desde una perspectiva especial.

Con respecto a esta curiosa rima…

Voy contra mi interés al confesarlo;
no obstante, amada mía,
pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
de un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
?Mujer al fin del siglo diecinueve,
material y prosaica… ¡Boberías!

Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira;
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.

En esta rima, dice Bécquer que, por muy importante que sea el oro, con él no se puede comprar a ningún poeta, ya que el poeta es un genio y tiene el arte de saber construir poesía, aunque con dinero cualquiera pueda hacer poesía… Es curioso que Bécquer terminara estampado en el billete de cien pesetas en 1965…

 Comentario a la rima VII

 Asomaba a sus ojos una lágrima,

y a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”

Y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

En este poema vemos cómo el orgullo se apoderó de los dos y, a día de hoy, cuando escribe el poema, aún se arrepienten… Este poema me encanta porque veo un reflejo de la realidad: que por puro orgullo muchas relaciones, ya sean amorosas o no, no siguen adelante.

En la Rima XXXVI («Si de nuestros agravios en un libro se escribiese la historia…»), nos explica que si los sentimientos se borrasen del alma tan fácilmente como se puede borrar en un libro… él la quiere tanto aún que si ella diera el primer paso de pedirle perdón por uno de los tantos daños que se han hecho mutuamente, él se los perdonaría todos. No termina de gustarme esta rima porque veo que ninguno de los dos son capaces de dar el paso por su amor…

En la Rima XLI («Tú eras el huracán, y yo la alta torre que desafía su poder…») nos habla de la incompatibilidad de caracteres que separa a los amantes. Y por lo que su relación se romperá. Este poema me gusta por las comparaciones tan reales con las que trata de hacernos entender su relación, pero lo he tenido que leer más veces que los demás para poder comprenderlo. También es atractivo porque hay relaciones que son incompatibles como lo de estos amantes y es mejor que cada uno siga por su camino.

En la Rima XLIV…

Como en un libro abierto

leo de tus pupilas en el fondo.

¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?

¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

Aquí dice que no es nada malo demostrar que sintió algo por él; él llora y no se avergüenza, pero, salvando el contexto y la época, esta rima no me gusta porque el final del poema es bastante machista, como si los hombres no pudieran llorar. Me parece absurdo, ya que todos los seres humanos tenemos sentimientos.

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